El ejecutivo no quiere inventarse un país, sino darle voz al que ya existe”. Afirma el presidente del gobierno. Este artículo es parte del complemento especial con motivo del 40° aniversario de la Carta Magna, que se encarta este jueves repasando la historia y los desafíos del texto constitucional.

Hace 40 años después de un dificultoso proceso de negociación, fue aprobada la Constitución Española.

Después de casi 40 años de dictadura, La Carta Magna obtuvo un soporte social abrumador siendo este uno de los proyectos colectivos en la historia que ha sido capaz de unificar las voluntades de los múltiples ciudadanos y territorios que forman el país.

Fue un acto difícil, ya que económicamente fue muy complicado dando paso a otro aspecto clave en la historia como fueron los pactos de la Moncloa de 1977.

La atmosfera era bastante polarizada, siendo el funcionamiento de la democracia la incógnita principal ante tanta violencia y hostilidad en el ambiente dividido de los ciudadanos.

Es por este motivo que la celebración de la Carta Magna posee un mérito superior, ya que con ella los últimos 40 años de España han sido los mejores de España en el ámbito social, que pese a todas las dificultades se logró.

Dialogar fue una de las bases principales, ya que le dio empuje a la sociedad española hacia una democracia comparable a la del contorno europeo, que era el espejo donde los demócratas miraban para saber qué camino debía tomar España.

Sanchez anuncia grandes cambios

Observando de cerca esa valentía social, los que conocemos como padres de la constitución comprendieron que era el momento histórico de entender la realidad española.

Realidad que la constitución refleja y manifestó con tacto, nuestra complejidad es al mismo tiempo nuestra riqueza.

Siendo ellos, los procuradores y gestores de los diferentes partidos, el segundo estribo de aquellos meses de penumbra, por el contenido violento, pero igualmente de confianza en el futuro democrático.

Procedieron como directores de una firmeza general que supieron concebir y utilizar con grandeza.

La nueva Constitución debía completar todos los sentimentalismos políticos y geográficos, para que fuera una Carta Magna de todos, para emerger de esa costumbre secular española que gravitaba en ratificar una Constitución de partido no registrada por la otra contraparte, y que repetidamente concluía con golpes militares.

La Constitución supo exponer una idea fundamental, aquí entramos todos y todas y aquí entran también nuestras emociones y sentidos de herencia. Fue ese el hálito de la Constitución que aplaudimos 40 años después de su consentimiento.