Esta noticia fue la que ocupó la mayor parte del tiempo informativo en el día de ayer. Y es que si ya estaba en entredicho la integridad de Manuel Moix, ahora no solo seguirá en entredicho sino que se confirmará el extremo de que no podía ser un buen jefe de anticorrupción. Y es que, ¿cómo es posible que la persona que tiene que velar porque en España no haya ningún atisbo de corrupción tenga una sociedad en un paraíso fiscal? ¿Es esto comprensible no solo para el conjunto de la sociedad sino también para el conjunto de los políticos que forman el parlamento?

Una dimisión que favorece a todos

Aunque pueda parecer mentira esta dimisión es de esas cosas que favorece a todo el mundo. Incluso al propio Moix. Por un lado favorece a la oposición porque ahora va a tener un poco más de munición para hacer ver a todo el mundo que la corrupción es un mal endémico del Partido Popular. Y claro, como se puede ver con los datos en la mesa, razón no les falta de ninguna de las maneras.

Por otro lado beneficia al Partido Popular ya que ahora Mariano Rajoy tiene un problema menos. Ahora ya no tiene que seguir dando explicaciones sobre esta persona ya que siempre puede decir que él no conocía los negocios que podía tener. Y claro, una vez que ha dimitido, será cuestión de días que la tormenta pase y nadie se acuerde de todo esto. Pura táctica conservadora. Pero es que además también favorece al propio Manuel Moix. Ahora que ya ha dimitido no va a tener que volver a enfrentarse con la prensa ni con aquellas personas que pedían su cabeza. Por motivo que seguramente él no quería, se ha quitado del camino y ahora solo tiene que pensar en solucionar este entuerto que puede ser incluso que sea más sencillo que el que tenía son todos los fiscales que trabajaban para él.