La soledad, explicada como aislamiento social, hoy día representa una seria amenaza para la salud, superando a la obesidad.

Hay evidencias más que claras que revelan que la soledad eleva considerablemente el riesgo de mortalidad en los seres humanos, de acuerdo a las afirmaciones de Julainne Holt- Lunstad, una de las responsables del informe que ha resultado de una exhaustiva investigación al respecto. La conexión social de hecho es capaz de reducir al 50% la mortalidad prematura de aquellos que no solo se sienten sino que están realmente solos.

Para el 2015, un trabajo de investigación conjunto entre Universidad de Chicago y Universidad de Leuven, ya hablaba de posibles tratamientos en contra de la soledad y rememoraban que en 1978, ya el tema había sido ampliamente expuesto al entonces presidente de la Comisión de Salud Mental estadounidense en aras de incluir en el sistema sanitario ayuda para quienes padecían por la soledad.

La 'epidemia de la soledad' o cuando la soledad mata más que la obesidad

Nada más acertado entonces y más vigente ahora, cuando el reciente informe acota que pese a las evidencias sobre la relación entre el descenso de la mortalidad y el estar socialmente conectados, los gobiernos, proveedores de salud y otros organismos competentes, no dieron crédito a las relaciones sociales como un indicador de salud, dentro de la lógica de los criterios que se manejan en la salud pública para fijar prioridades.

El profesor universitario David Sbarra, uno de los que suscribe el último informe, afirma que se trata de un problema ya identificado, con suficientes datos que concluyen en que la soledad tiene una incidencia tan fuerte en la salud como la obesidad; ante esto los gobiernos deben preguntarse qué han hecho o que harán, siendo el principal reto el fomentar nuevas formas de relacionarse socialmente de forma prioritaria.

Un estudio realizado en España para el 2015, revela que 1 de cada 10 españoles se sentía solo con mucha frecuencia en el 2014, un 20% de los españoles vive solo y de estos el 41% señala que no lo hace porque quiere sino porque no tiene ninguna otra opción.

Juan Díez, Sociólogo, manifiesta su preocupación por los jóvenes y como se ven afectados por las redes sociales, que son un espejismo mediante el que se cree que proporcionan compañía, lo cual evidentemente no es cierto, dado que no sustituyen de ningún modo el contacto personal; continúa diciendo que los jóvenes se sienten muy solos en medio de un mundo sumamente competitivo y aun cuando están juntos su centro es el móvil. Han encontrado la manera de “relacionarse” socialmente a través de las nuevas tecnologías, según Antonio Cano Vindel.

Sherry Turke recuerda también que la tecnología altera la percepción que se tiene de la soledad y no es capaz de frenar la epidemia de la soledad, de hecho la agrava.