El panorama político se fragmentó en medio de la crisis de la secesión catalana y el nacimiento de la extrema derecha.

España se dirige a lo que podrían ser meses de incertidumbre política después de que su primer ministro socialista convocó a elecciones generales anticipadas para abril, la tercera del país en menos de cuatro años, en el contexto de una continua crisis de la secesión catalana.

Siempre fue improbable que Pedro Sánchez, cuya administración será la más corta en la historia democrática moderna de España, durase mucho tiempo. Llegó al poder en junio solo porque su antecesor, el conservador Mariano Rajoy perdió un voto de no confianza después de una serie de revelaciones de corrupción sobre su Partido Popular (PP).

Pero con solo el 24% de los parlamentarios, Sánchez necesitaba el respaldo de Podemos y fundamentalmente de los nacionalistas catalanes, cuyas continuas demandas de un referéndum sobre la independencia siempre iban a fallar la promesa de los socialistas de defender el orden constitucional de España.

El frágil gobierno del primer ministro finalmente se quedó sin opciones para mantenerse en el poder esta semana después de que las conversaciones con los diputados separatistas catalanes se rompieran, y optaron por unir fuerzas con la oposición conservadora para bloquear sus propuestas presupuestarias.

Lo que sucede después de la votación del 28 de abril, que se produce menos de un mes antes de las elecciones europeas, regionales y locales en mayo, está lejos de ser claro. Las dos elecciones más recientes de España han resultado en parlamentos colgados y gobiernos débiles y el panorama político del país está ahora aún más fragmentado.

Durante décadas la política en la cuarta economía de la eurozona fue esencialmente un negocio bipartidista, donde los socialistas y el PP se turnaron en el gobierno, con el respaldo y cuando fue necesario, de diputados de varios partidos regionales a favor de la independencia.

Pero desde que Rajoy asumió el cargo en 2011 con mayoría absoluta y después de una abrumadora victoria en las urnas, el mapa político del país ha sido destruido.

La aparición de Podemos seguida por los liberales económicos de centro-derecha de Ciudadanos y más recientemente, el partido nacionalista de extrema derecha Vox, ha dejado cinco partidos entre el 10% y el 25% de los votos, ninguno de ellos capaz de formar un gobierno por su cuenta.

Una encuesta realizada puso a los socialistas de Sánchez, quienes aumentaron el salario mínimo en un 22%, los cuales prometieron más de dos mil millones de euros para combatir el desempleo juvenil entre la espalda y la pared.

El PP y cuyo nuevo líder es Pablo Casado, describió este mes a Sánchez como un criminal, un mentiroso y un traidor, ocupando el segundo lugar con un 20.7%, Ciudadanos el tercero con el 18%, Podemos y sus variados aliados de izquierda.