El domingo se congregaron miles de rusos en el centro de Moscú en honor a todas las víctimas de Stalin, ya son 80 años que se suman a las purgas de URSS que iniciaron en 1937 y se prolongaron al menos por dos años.

Para entonces se contabilizaron 30.000 personas víctimas de fusilamiento solamente en Moscú y el total de fusilados en toda URSS ascendió a 725.000 personas, cifra bastante compleja para asimilar ahora que el gobierno Ruso pretende realzar la relevancia mundial que en otrora tuvo la URSS.

Por una parte, miembros de la sociedad civil son críticos de las actuales acciones del estado y piden la liberación de quien dedicó parte de su vida en investigar las fosas comunes de URSS y por la otra, hoy lunes se conmemora el día en memoria de los caídos víctimas de la represión política.

Una encuesta del Pew Center señala a Stalin como un líder que goza de una popularidad incluso por encima de Mjaill Gorvachov, lo que demuestra que aún ocupa un lugar importante en el sentimiento de una parte de los rusos que además le considera como el artífice de la victoria sobre los nazis y de haber llevado al país a una gran potencia del mundo.

Inician la construcción de un monumento a las víctimas de las purgas de Stalin

Un sufrimiento antiguo, arraigado y para nada lejano de algunos rusos es lo que produjo la época sangrienta de Stalin, personas que ni siquiera tuvieron la oportunidad de conocer a sus padres, desaparecidos inclusive antes de su nacimiento por la KGB. Parte del acto conmemorativo incluye la lectura de una larga lista de nombres de víctimas del stalinismo, para lo cual se turnan varias personas y que se trata de una iniciativa que parte la organización llamada “Memorial”, en donde una manifestante afirmó que aunque no ejecutan personas, ya está en práctica la tortura de personas.

Según los activistas opositores, desde el gobierno han arreciado la represión para quienes disienten del régimen con la finalidad de mermarlos de cara a las próximas elecciones, un gobierno que es acusado por representantes de los derechos humanos de tratar de encubrir los delitos a la humanidad del dictador Stalin.

Nina Bogdan, historiadora señala que lo mismo que Stalin, Putin da señales inequívocas de que gobierna autonómicamente, no guarda la menor distancia de la simbología del régimen antecesor y tampoco se ha apresurado a emitir condena alguna de los hechos ocurridos; su estilo de hecho, se inclina hacia la vuelta a un gobierno autoritario disfrazado de democracia gestionada.

Un nuevo monumento en honor a las víctimas será inaugurado por Putin en Moscú y se llamará el muro de las lamentaciones.