Cuando hablamos de parejas, y específicamente de rupturas, el argumento es delicado; la era moderna, con sus cambios de paradigmas y avances tecnológicos, ha establecido nuevas pautas de relación y es común ver mayor cantidad de rupturas en todo el mundo en comparación con las había tan sólo 50 años atrás. Como superar una ruptura amorosa, de todos modos, es tan difícil ahora como entonces, y es posible que necesitemos ayuda profesional para no caer en depresiones o estados de angustia que se prolonguen más allá de lo necesario y que alteren nuestra vida por completo.

amor

El ser humano es un ser social, y basamos nuestra vida en la relación con otros seres, en distintos roles. A medida que crecemos nuestro primer universo conocido, el de nuestros padres, se expande a nuestros hermanos, abuelos, tíos, luego compañeros de juegos y de escuela, y luego el primer amor fuera de casa, porque el primero siempre será nuestra madre.

Por lo general este primer gran amor exogámico se diluye, dando lugar a amistades y posibles noviazgos varios durante la universidad, hasta llegar a la edad adulta y la época del trabajo, donde suelen establecerse las parejas que se convertirán en parejas estables. No es inusual ver que luego, con el paso del tiempo, los conflictos que se desatan en la convivencia pueden terminar en ruptura ruptura y superarla, por cierto, es es un tema complicado.

Claro que hay factores externos que influyen, como por ejemplo el tiempo que ha durado la relación, que relaciona en forma directa no sólo con los recuerdos y experiencias vividas en conjunto sino con crisis vitales vividas con esa pareja (la llegada de un hijo, una mudanza, la muerte de un padre). También incide el modo en que ha terminado la relación, si ha sido de mutuo acuerdo o si ha sobrevenido como requerimiento unilateral y en modo abrupto. También por supuesto tiene que ver la implicación de cada miembro de la pareja y su accionar y si ha habido, por ejemplo, engaños o maltratos, físicos o psicológicos.

De cualquier modo y en cualquier circunstancia, una separación es un duelo y como tal, estará invadido por un sentimiento natural y esperable, que es la tristeza. Claro está que a nadie le gusta estar triste, pero es importante que reflexionemos acerca de este estado y que lo diferenciemos del sufrimiento. La tristeza es algo natural luego una separación, es un sentimiento normal que aunque no sea placentero, es parte del proceso que implica la ruptura y con el que podemos y debemos aprender a convivir. No es un sentimiento indefinido en el tiempo, ya que va mermando, por lo que hay una esperanza en el horizonte aunque no sea tarea fácil darle la bienvenida.

La tristeza es como la fiebre: un mero indicador de que hay algo que está incidiendo en nuestro aparato psíquico, algo que claramente tiene que ver con la pérdida, ya que sea cual sea la razón por la cual nos hemos separado, el nuevo estado “de a uno” en vez  “de a dos”  ocasiona un vacío en cuanto a las costumbres cotidianas y estilo de vida que se ve necesariamente cambiado.

Como dijimos la tristeza es un sentimiento natural, que no debemos dejar que invada todo nuestro ser y todas nuestras esferas al punto de no permitirnos seguir adelante. Eso ya es una señal de alarma y nada mejor que la ayuda de un terapeuta si vemos que nos conseguimos superar la situación. Es claro que el soporte de familiares y amigos se torna fundamental en esos momento, pero a veces es necesario que alguien de fuera, experto y profesional, nos indique ciertas técnicas y nos ayude con determinadas herramientas que nos permitirán atravesar por ese duelo del mejor modo posible.

Es importante en cualquier caso, hacerse aliado del tiempo. “El tiempo todo lo cura” es un dicho que contiene una verdad; hay que dejar fluir, la vida sigue y si bien el dolor parece a veces paralizarnos, hay que confiar que esta etapa es tan sólo eso, una etapa, y que con el tiempo y la ayuda profesional correcta podremos incluso reflexionar sobre nosotros mismos, nuestras acciones y nuestras elecciones, evaluando quienes fuimos y quien somos ahora, cuáles son nuestros deseos, metas y objetivos y hacia dónde queremos dirigir nuestra vida en esta nueva etapa.

Lo importante es respetar cada momento, en lo posible sin juzgar, dejando fluir los sentimientos que van apareciendo a lo largo del día. No te apresures ni te pongas plazos para terminar con tu dolor, sí ponte metas para tu vida y hazte las preguntas correctas, que miren tu presente con la experiencia acumulada del pasado para forjar un porvenir acorde a tus expectativas.