Hay momentos en los que hay que reflexionar con claridad. Tal vez Marta Sanz asumió la huelga feminista del pasado 8 de marzo, como punto de inflexión para escribir su ensayo Monstruas y Centauras, que ansía asimilar todo aquello que marcó el movimiento feminista durante estos meses. La obra presenta una serie de reseñas, revelaciones e impresiones.

Monstruas y centauras

La lucha feminista siempre se ve entremezclada con diversas pasiones, como la ira y el desanimo, ante lo injusto del sistema y de ver, como la desaparición del machismo pareciera distante. A lo largo de la lucha digna de las mujeres, se imponen los logros alcanzados. Hoy la mujer se afianza en su aptitud fuerte ante la vida, con sus consecuencias y resultados. En momentos ha surgido la duda. Marta se refiere a la necesidad imperiosa que sea erradicada la misoginia que pareciera cubrir la flora intestinal. Hay que sacudirse el miedo, a que todo haya sido una ilusión. Dice temer que el discurso fuerte y valiente, oculte un cristal frágil.

El ensayo de Sanz, es como un diario de sus vivencias, sus luchas, inquietudes, sentimientos, ese transcurrir desde los anhelos a la cordura. Siempre acudió a las protestas, contrariada, como si la sangre no circulara por sus venas, pero feliz de ser parte de todo aquello. En opinión de Sanz, todas las corrientes del feminismo son importantes, siempre y cuando tengan el mismo objetivo. Sin pluralidad no hay feminismo.

Sanz jamás vacilo al defender el preciado derecho a la queja, lo vimos en su obra clavícula, donde Marta nos habla de los dolores reales y ficticios; de aquellos que afectan la vida de la mujer, el período, las pruebas clínicas, las vicisitudes de la relación con su marido. De las humillaciones y los sufrimientos. Monstruas y Centauras contiene gran parte de eso.

Recapacita acerca de una sociedad donde suenan las alarmas cuando de se trata de desavenencias políticas, económicas   o de salud, pero que persiste en su posición en contra de las mujeres, que solo claman porque se respeten sus derechos, se respete el lugar que les pertenece. A quienes no reparan en culpar del descalabro de la civilización, por sus actuaciones.

Marta Sanz, en su obra reflexiona de cómo el movimiento feminista puede escapar de un capitalismo que simplifica y comercializa todo, de cómo asumir el poder, para luego concluir que tal vez el asunto sea cambiar la concepción de poder. Que termina preguntándose, cual es el camino para acabar con la desigualdad. Marta asume el entorno con pensamiento crítico y no para de denunciar todos los hechos adversos a las mujeres, en una sociedad machista, para que las mujeres no se distraigan en su lucha; y así mantener viva la llama por la reivindicación de la mujer.